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24/08/2010 | 18:13hs
INTERNACIONALES
Bajan alimento a los mineros y piden ayuda a la NASA

Confirman que están bien de salud. Comenzaron a enviarles bebidas con glucosa. Sobrevivieron comiendo dos bocados de atún y medio vaso de leche cada 48 horas. Chile solicitó a la agencia que los asesore sobre situaciones de encierro.

Derrumbe en la mina Las “palomas” en la mina San José no vuelan, pero sí llevan mensajes de esperanza a los mineros. Son unos tubos blancos de PVC, con un pico de madera y tres compartimentos. Desde ayer suben y bajan por el hoyo que, el domingo, abrió una sonda y descubrió con vida a los 33 mineros sepultados a 688 metros. Las “palomas” tardan una hora y media en hacer cada trayecto y son esenciales para la segunda etapa que se inició ayer en el norte chileno: el rescate.

A las tres de la tarde de ayer volvió la euforia. La primera paloma había llegado hasta el camino que va al refugio de los mineros. Era la que llevaba equipos para comunicarse. La primera charla después del derrumbe fue con las autoridades chilenas y duró una hora. Contaron que sobrevivieron comiendo dos pedazos de atún y medio vaso de leche cada 48 horas.

“Ellos pidieron que le mandáramos comida. No entramos a preguntar detalles, pero llegamos justo, ya no tienen comida”, dijo el ministro de Minería, Laurence Golborne. Se calcula que, en los primeros 17 días de encierro, cada uno de ellos perdió en promedio unos ocho kilos.

En el refugio a 688 metros de profundidad había comida, pero no para tantos días. Entonces ayer, cuentan que pidieron duraznos dulces y que se quejaron de que tienen los ojos irritados con tanto polvo que hay por allá abajo.

El refugio, según explicaron otros funcionarios, lo están usando poco. Al parecer tiene problemas de ventilación. La temperatura promedio es de unos 27 grados y todos están sin camisa por el calor. Pero aire llega bien por otras grietas, aclararon. La luz la obtienen gracias a dos camionetas que quedaron abajo y a equipos de energía. Eso les permitió tener luz y hacer un poco más fácil los días bajo la tierra.

En la primera paloma les habían enviado bebidas con glucosa y varios cuestionarios para saber sobre la salud de cada uno y desde cuánto hace que no comen. De eso dependerá de cuándo le envíen la comida sólida.

“Están mejor de lo que esperábamos”, explicó Paola Newman, médica del equipo médico del rescate. En la segunda paloma, que salió ayer por la noche, enviaron más solución con glucosa y en la tercera irá algún alimento líquido con proteínas, contó después la médica. La idea es que, tras la evaluación hecha con las respuestas de los mineros, se decidirá qué protocolo seguir.

Para determinar los próximos pasos, el gobierno de Chile también pidió a la NASA consejos para alimentar a personas en pequeños espacios y durante largo tiempo. Según explicaron, el refugio de los mineros en el departamento de Atacama se puede comparar con la vida en el espacio.

Los mineros también pudieron beber agua porque los depósitos habían sido rellenados un rato antes de la 14.15 del jueves 5 de agosto. A esa hora, un planchón de la mina San José se desmoronó. Fue a unos 400 metros. Una cuadrilla de 33 mineros había bajado recién. Era el cambio de turno, ellos fueron quienes quedaron atrapados en una galería de túneles que va en zigzag hacia abajo.

Por eso, una de las primeras cosas que preguntaron los mineros en el primer contacto fue por la cuadrilla que estaba saliendo. “Les dijimos que estaban a salvo”, contó Golborne. Entonces, “empezaron a cantar el “chi””, dijo. Al “chi, chi, chi, le” le siguió el himno nacional.

“Están de muy buen ánimo”, confirmaron a Clarín dos de los funcionarios que presenciaron el primer diálogo que terminó a media tarde.

En el campamento “Esperanza” –un tenderío espontáneo que las familias de los 33 mineros formaron desde el 5 de agosto– ayer seguía la alegría por la noticia de que los trabajadores estaban vivos. La noche del domingo hubo un “pequeño choucito. Asado y cueca”, le dijo a Clarín una de las hijas de un minero atrapado.

Un camión con una bocina grave provocó un temblor entre la calle angosta que crearon las carpas de los familiares. La mayoría de los 300 habitantes temporarios salieron a aplaudir. Era la primera parte de la máquina perforadora que abrirá el túnel para rescatar a los mineros. A su paso desde la cordillera también había provocado aplausos.

En realidad, la perforadora es un taladro gigante –un Strata 950– que pesa 33 toneladas y que llevará una semana armarlo.

El plan de rescate, si todo sigue así, será abrir tres canales, como el que hizo la Sonda 10B el domingo. En una se pasará la comida y los elementos de comunicación, en la otra se usará para la ventilación y la tercera será destinada para la perforadora.

La intención es abrir un boquete por donde apenas pase un hombre. Los mineros trabajaran en su rescate. Harán tareas de limpieza y armado. Cuando todo esté listo, los sacarán de a uno en una canasta. Pero llegar hasta ellos puede tomar meses, como señaló a Clarín el jefe del operativo.


Por eso ahora el objetivo es que los mineros resistan. “Están bien organizados, cuando llegó la primera paloma con el equipo de comunicación el que habló fue el jefe de turno”, contó Golborne ante varios medios entre los que estaba Clarín.

En una carpa detrás de una barrera estaban los familiares. Los psicólogos trabajaban con ellos para ver qué le iban a decir en los mensajes que terminaron enviando ayer a las cinco de la tarde. “El primer contacto con sus seres queridos puede provocarles estrés y ansiedad”, aclaró uno de los miembros del equipo de rescate.

Poco después los familiares que vivieron la desesperada vigilia de no saber si estaban vivos salieron de la carpa oficial. Algunos pidieron hojas a los periodistas que habían copado el campamento Esperanza desde el domingo y todos repitieron un mismo ritual. Se sentaron solos a escribir lo que leerían más tarde los mineros a centenares de metros de profundidad y apenas iluminados con el faro de sus cascos.
 

FM 101.7 "Estudios V.C."